martes, junio 30, 2009

Los "in" y los "out" de las elecciones

Finalmente pasaron las elecciones. Ese acontecimiento cívico que nos tenía a todos como enajenados, sin poder pensar en otra cosa, ha quedado atrás. La Argentina vuelve a andar: todos los temas que se venían postergando para después de los comicios serán sin duda concienzudamente analizados y serán tomadas las medidas y correcciones del caso. Los precios podrán subir tranquilos sin ser acusados de conspiradores, muchos artistas viejecillos y no tanto que venían estirando el encuentro con San Pedro podrán por fin estirar la pata sin ser sospechados de contribuir a una cortina de humo, políticos de todas las tendencias dirán barbaridades a destajo sin temor a piantar votos. ¡Todo volverá a ser cómo era! ¿Normal? No, pero al menos volverá a funcionar a toda máquina el delirio al que tan acostumbrados estamos.
 
Pero antes de que todo vuelva a la habitual anormalidad argentina, es menester hacer un breve repaso de los ganadores y perdedores de estas elecciones.
 
I - Los "in"
 
El cívico acontecimiento del domingo ha dejado un puñado de vencedores y resucitados. A ellos elevamos nuestros elogios más obsecuentes en la esperanza de que se acuerden de nosotros en tiempos de bonanza. Si ese recuerdo viene en la forma de una embajada en un destino atractivo, dinero contante y sonante o un fin de semana en la quinta del tano Berlusconi, las propuestas serán bien recibidas y oportunamente evaluadas. Aquí la lista de los que salieron del baile con la frente en alto:
 
- La venganza del Cabezón: Hace algo más de un año un reconocido periodista político comentaba en privado que el Gran Bañero Bonaerense, cuando le preguntaban por la supuesta traición de algunos caciques del conurbano que antaño le respondieran fielmente, contestaba apenas con una sonrisa enigmática. Algo se tenía entre manos. Y parece que las tácticas de avezado ajedrecista le han permitido hilvanar lentamente su venganza. Si bien el triunfo bonaerense estuvo bien sazonado por los millones que aportó el colorado candidato oriundo de la tierra del café, algunos sorpresivos resultados en bastiones históricos del peronismo de Perón (como Lanús, Tres de Febrero, Ituzaingó o San Fernando) parecen platos salidos de la más pura cocina duhaldista. No hace falta ser demasiado conocedor de la política bonaerense para advertir que las listas de Unión Pro estaban más que superpobladas de los adláteres de Don Eduardo. Mi pronóstico es que los asados domingueros del cabezón estarán más concurridos que nunca en los próximos meses, no obstante lo cual el anfitrión probablemente decida retomar gustoso el papel que mejor sabe interpretar: el de quien digita el poder en las sombras. Si Banfield clasifica a la próxima Copa Libertadores, la hipótesis estará plenamente confirmada.
 
- Los muertos que vos mataís...: El partido de las boinas blancas, el que se rompía pero no se doblaba, parecía hasta no hace mucho condenado a la definitiva desaparición. Sin embargo, mezclando dosis similares de trabajo silencioso y pura carambola, el finado se levantó del cajón en medio del velorio y se puso a caminar. El silencioso empeño tras bambalinas de la Pitonisa Chaqueña, trayendo de vuelta al redil a los díscolos y reconciliando a muchos irreconciliables, dio un resultado sorprendente al pelearle el primer lugar en la grilla nacional a un oficialismo pletórico de recursos. Probablemente no sea ella la más indicada para pelear por la presidencia en el próximo turno electoral: su imagen está desgastada e inmoló buena parte de sus posibilidades al ponerse en Capital detrás del candidato menos carismático que se recuerde en mucho tiempo. Pero el viejo partido, desprendido del vetusto folclore y de impresentables como Moreau y Storani, puede volver a pelear dignamente por el poder. Tiene fuerza en el interior (obtuvo excelentes resultados en provincias grandes como Mendoza, Córdoba y Entre Ríos) y un presidenciable con buenas perspectivas, en la figura de un opaco vicepresidente que pasó a ser tenido en cuenta merced a haber aprovechado la gran oportunidad que le dio el destino, y haber ratificado después el predicamento en su terruño. Tampoco puede descartarse algún aspirante al premio mayor venido de la tierra del buen humor y los alfajores de fruta, donde el pintoresco aliado de Lilita y el partido de Alem, usando su nombre propio, se repartieron la victoria y propinaron una soberana paliza a los representantes del oficialismo nacional.
 
- Llevarse una victoria de arriba, eso si que es Pro: El ingeniero jefe de gobierno y reconocido xeneixe es un verdadero bendecido por la diosa fortuna. No sólo por la fortuna literal heredada de su industrioso padre, sino porque la combinación de resultados lo favorece aunque no quiera. Su lista en el distrito que gobierna no obtuvo un desempeño muy brillante, ganó con lo justo (aunque que ganó, ganó), pero como él no fue candidato no puede ser señalado como padrino del semifracaso. Y el batacazo obtenido por su socio partidario y colega millonario lo favorece a él más que a nadie, puesto que su verdadero dueño no puede aspirar a la presidencia por ser colombiano. Cuando se dirima la interna presidencial del neojusticialismo, Mauricio podrá alardear de haber participado del knock out al poder pingüino, sin haberse subido directamente al cuadrilátero. Si las huestes del Gran Bañero Bonaerense se deciden acompañarlo, es número puesto para las futuras presidenciales.
 
- ¡Los dejó colorados!: Hasta no hace mucho, el colorado era apenas conocido por haber vendido Casa Tía en una cifra que dejaría frío a más de uno y por su pasado vinculado a la farándula y los excesos de la noche esteña. Sin embargo, quizá cansado de tanta frivolidad, se propuso pelear en la Primera División de la política vernácula y lo logró. Su fórmula exitosa, una suerte de peronismo zen que mezcla la marchita con los tatuajes orientales, tiene básicamente tres patas: el cualquiercosismo ideológico, un justicialismo bonaerense sediento de nuevos líderes y mucha, pero mucha, plata para invertir en campaña. Fue por el premio mayor y lo consiguió, como Uruguay cuando el Maracanazo. Los críticos podrán objetar que le ganó al aparato con el aparato. Pero que es la cara visible de la victoria (de la cara oculta ya nos ocupamos antes) nadie lo puede negar.
 
II - Los "out":
 
El 28J también dejó fuera de servicio a unos cuantos candidatos. Si nos llaman por teléfono les diremos que estamos en reunión. Aquí los grandes perdedores de la jornada:
 
- El Rey está desnudo: El éxito, la fama y la fortuna marean. Hay quien sabe retirarse a tiempo, y quien se hunde en la bacanal, sólo escucha a los amigos del campeón y se informa con el diario de Irigoyen. Le pasó a Mike Tyson, le pasó al Loco Housemann y le pasó a Michael Jackson, entre tantos otros a los que el triunfo los volvió locos. El Pingüino y su Chirolita realmente se creyeron con derecho a hacer lo que les venga en gana. Se pensaron invencibles a tal punto de hipotecar su futuro convirtiendo el semifondo en la pelea por el título. No dejaron macana sin hacer, y encima se jugaron el todo por el todo poniéndose personalmente en la línea de batalla. Las alarmas de la realidad sonaron varias veces, pero hicieron caso omiso y pusieron los motores a fondo, como el piloto del fatídico vuelo de LAPA. Nunca se anoticiaron de que el poder que creyeron propio era en realidad prestado: el peronismo acata al que gana, pero nunca simpatizó con el socialismo del siglo XXI ni con el de ningún otro siglo, no gusta de la centralización de los negocios turbios, ni de las reivindicaciones setentistas. Como dijo el compañero camionero en medio del affaire Techint: "Perón no nos enseñó a estatizar empresas". Generaron hartazgo al punto de que, probablemente, cualquier candidato con cincuenta millones de dólares para gastar en campaña les hubiera pasado el trapo. Para colmo parecen no haber acusado el golpe e insistir neciamente en su autismo: la frase de la prescindente diciendo que obtuvieron "una contundente victoria del 1,03 % a nivel nacional" entró en el podio del patetismo político nacional junto al "qué lindo que es dar buenas noticias" del malogrado De La Rúa. Los deudos ya se prueban sus ropas, y el finado todavía no se enteró de la hora de las exequias.
 
- Dicen que soy aburrido: En la provincia de Santa Fe se libraba el duelo de las dos "esperanzas blancas" de la política vernácula. Por un lado el enigmático ex corredor de Fórmula 1 que hace años se presenta como la vertiente razonable del justicialismo, y por el otro lado el niño mimado del socialismo autóctono, el gobernador que logró romper la larga hegemonía pejotista en su provincia, y que decidió competir, vía interpósita persona, mediante el eslabón perdido entre Roberto Piazza y Adolfo Rodríguez Saá (creo que se llama Rubén Giustiniani y alguna vez fue candidato a vicepresidente). La tarea de Hermes (que no tiene nada que ver con la afamada fábrica de corbatas) no parecía tan complicada: tenía al caballo del comisario compitiendo contra uno de los tipos más aburridos e inexpresivos que uno pueda imaginar, y que para colmo no fue precisamente descollante cuando le tocó ocupar el sillón de gobernador. Sin embargo, los socialistas de los pagos del alfajor Merengo demostraron una vez más tener menos onda que pelo de chino y ser lo suficientemente pechofríos como para perder con el automovilista devenido ídolo campestre. Para colmo, al gobernador le pegó mal la derrota y se despachó con que quienes habían votado al Lole "sufren el síndrome de Estocolmo". Un mal perdedor que demostró no estar a la altura de una candidatura presidencial. Mientras tanto, el digno Partido Socialista deberá seguir prendiendo velas para que pronto aparezca la reencarnación de un líder carísmatico como Alfredo Palacios.
 
- Mejor volvé al banco: Confieso que me había entusiasmado el ex presidente del Banco Central, y tenía pensado votarlo. Parecía a priori un buen candidato. Un tipo joven con excelentes antecedentes académicos y profesionales, con un paso digno por la administración pública. Sin embargo la primer candidatura a diputado le quedó grande. Transformó lo que debía ser un paseo dominical del Acuerdo Cívico en la Capital, que estaba tranquilo en el segundo puesto y con aspiraciones al primero, en una pesadilla. Espantó los votos de centroizquierda con su pose acartonada y su impronta economicista. Espantó los votos de centroderecha con su tardío y poco creíble ataque de estatismo. Su tono monocorde, su falta de gracia, no lograron motivar en el electorado otra sensación que no sea el sopor. Una lástima, porque al principio daba el perfil de aquello que a la política le anda faltando: gente joven, capacitada, con mundo, con ganas. Su debacle se llevó puesta a la rubia y eterna candidata a la presidencia, que se jugó con una apuesta demasiado riesgosa para un electorado tan volátil como el porteño, y deberá resignarse a seguir jugando de pitonisa y a los armados de perfil bajo, que no le sientan tan mal.
 
III - Las mentiras de la elección:
 
Todo comicio suele deparar un par de sorpresas que a la larga demuestran ser golondrinas de un sólo verano. O amagan con catapultar a la cima a personajes que siempre se quedan en el amague. Acá los grandes vendehumo de la jornada:
 
- Uno que se queda plantado: El hecho de que el Acuerdo Cívico no presentara candidatos a diputado por la Capital Federal (bueno, los presentó pero es como que no hubieran querido hacerlo), dejó perdido como bola sin manija al 40% del electorado porteño que se supone de centroizquierda progresista, que vota según el clima y que tiene gusto por erigir ídolos fugaces y después demolerlos. Está vez el elegido del volátil electorado de la Reina del Plata fue un insufrible cineasta con un más insufrible aún discurso de izquierda nacionalista. El primer dueño de una camioneta Hummer en territorio nacional hizo una elección tan buena que a él mismo sorprendió. Si le daban unos días más, hasta la ganaba y todo. Pero de ahí a pensar que es una figura con proyección nacional hay un largo trecho. En primer lugar, porque como todo el mundo sabe, los porteños gustan de jugarla de rebeldes y consagrar a franquicias con las que después no pasa nada, como ocurrió con el PI, el Mas, el Frepaso, Luis Zamora, Vima Ripoll y otros tantos que se disputan un electorado gustoso de las propuestas de izquierda, siempre y cuando no lleguen al gobierno. ¿Alguien puede pensar seriamente que tiene proyección futura un personaje que hace gala del nacionalismo más rancio, se saca fotos con Hugo Chávez y hasta tiene algún coqueteo antisemita? Dentro de dos años nadie se acuerda del fenómeno Pino. Le va a pasar como a Bart Simpson en el capítulo del "niño yo no fui". Y además para ese entonces su partido, siguiendo la venerable tradición de la izquierda, probablemente haya estallado en mil facciones en pugna.
 
- La esperanza que no va a ser: Hace años que se viene vendiendo la historia de que hay un líder racional en el justicialismo que puede ser un gran presidente, que contaría con un apoyo masivo de las urnas y que podría reencauzar a la Argentina por la senda del diálogo y la institucionalidad. Lástima que ese tipo una vez le estaba por ganar a Alan Jones y se quedó sin nafta. Y otra vez estuvo a punto de ser presidente, pero vio "algo que no le gustó" y pegó el portazo. Otra vez se encapsuló en el ostracismo por años porque necesitaba reflexionar. Y tiene menos gracia que los chistes de Larry De Clay. Basta de mentiras: el ex piloto de carreras no va a ser nunca presidente. No tiene ganas de serlo. No tiene el tesón, la malicia ni el carisma necesarios para ser ungido por uno de los movimientos políticos más complejos y traicioneros del orbe. Ganó una elección con lo justo frente a un rival con las mismas carencias que él, pero potenciadas. Con eso no alcanza para superar la picadora de carne del PJ.
 
IV - Apostillas
 
Antes de dar por concluido el análisis de las elecciones, algunas pequeñas apostillas de la jornada:
 
- En épocas de resurgimiento estatista, el capital privado demostró su eficiencia: la campaña bancada con fondos propios por De Narváez fue más efectiva que la pagada con fondos de todos por el oficialismo.
- Barbijos, bufandas y alcohol en gel fueron el "must" del comicio.
- Hubo más irregularidades que de costumbre, aunque no generalizadas. Mucho caso de personas que no pudieron votar por problemas en el padrón, o de documentos mellizos. Si no se habló más del tema, es porque no ganó el oficialismo.
- Los hermanos Rodríguez Saá no logran su tan ansiada inserción nacional: su elección fue desastrosa y sus candidatos no alcanzaron el 1% fuera de San Luis. Igual arrasaron en la mesa 508 de Necochea. Al igual que los candidatos del Néstor y Chirolita en El Calafate.
 
 

sábado, junio 27, 2009

¡Por lo menos que me paguen derechos de autor!

Quizá este blog tenga mayor influencia de la que yo mismo pienso, la cuestión es que de vez en cuando emergen en el debate público temas que planteados acá un tiempo antes.

Hace más de dos años dediqué unos párrafos a deplorar una ridícula norma del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires que regula la cantidad de personas que pueden ingresar a una habitación de un albergue transitorio.

Se ve que algún legislador leyó ese viejo post, porque parece que ahora la Legislatura porteña se apresta a derogar o modificar esa norma:

Lo levantaron Clarin, Infobae y Noticias Urbanas, entre otros.

Ahora que se lo influente que soy, les pido que la próxima me reconozcan los derechos de autor o al menos me tiren unos mangos por la idea.

De todas formas, es un hecho para celebrar la eliminación de esa y todas las ridículas intromisiones del Estado en la vida de los individuos.

martes, junio 23, 2009

¿Irán cambiando su imagen ante el mundo?

Hace poco más de un año, cuando arreciaban en todo el mundo las críticas a la política exterior del presidente Bush, un evento sirvió para detener la creciente ola de antinorteamericanismo. En medio del fracaso de la política de su gobierno en Medio Oriente, y pese a la incipiente crisis económica fogoneada por la Reserva Federal, la ciudadanía de los Estados Unidos dio una conmovedora muestra de espíritu cívico al participar entusiastamente del proceso de elecciones internas de sus dos principales partidos, de los cuales surgieron los contendientes que finalmente dirimirían la presidencia.
 
Durante semanas, el planeta entero siguió las alternativas de esas elecciones primarias, verdadero ejemplo de participación política y compromiso republicano de ribetes tocquevilleanos, que hasta los más encumbrados críticos de los EEUU hubieron de reconocer. Si bien ese proceso eleccionario no tuvo efecto alguno sobre la imagen interna y externa de la administración de George W. Bush, sin embargo mostró otra cara de una sociedad genuinamente democrática, a la que no se podía vincular automática o linealmente con los aciertos o errores de su gobierno. Entre muchos de quienes vivimos en países donde la democracia languidece ante el creciente autoritarismo, la arbitrariedad y la corrupción absoluta del sistema político, esas elecciones primarias generaron directamente una sana envidia.
 
En cierta medida, y salvando las distancias del caso, algo parecido al efecto de aquel proceso electoral puede estar sucediendo hoy con los eventos que se suceden en Irán.
 
El de Irán fue durante mucho tiempo un caso singular. Un estado absolutista y teocrático, que cercenaba buena parte de los derechos humanos de sus ciudadanos, promovía el terrorismo internacional y se lanzaba hacia alocadas aventuras armamentistas, y sin embargo celebraba regularmente elecciones legislativas y presidenciales medianamente democráticas, con cierta diversidad de candidatos, multiplicidad de partidos y hasta debates públicos entre ellos. Bastante más de lo que pueden exhibir otras tiranías a lo largo y ancho del mundo, incluso muchas de aquellas estratégicamente aliadas a las principales potencias de Occidente.
 
Eso hasta que el gobierno encabezado por el ultraconservador Ahmadinejad, aliado de cuanto déspota circule por el orbe y peligroso promotor del belicismo y la inestabilidad regional, y respaldado por la oligarquía clerical que ejerce el verdadero poder en Irán, organizó un escandaloso fraude para mantenerse el poder ante la amenaza de verse derrotado en las elecciones por un candidato un tanto más moderado.
 
Y ahí sucedió lo inesperado. En lugar de agacharse sumisamente ante la ignominia del fraude, del mismo modo que lo hacen las masas en buena parte de Asia, Latinoamérica o Africa, las multitudes salieron a las calles a impugnar la farsa electoral. Millones de iraníes salieron a marchar para alzarse contra la burla a su voluntad expresada en las elecciones, enfrentando la censura y las salvajes represalias del régimen y sus matones. Aún exponiéndose a la cárcel, las torturas y la muerte, iraníes anónimos siguieron organizándose a través de internet o mediante gritos lanzados desde la terraza de sus casas y se las ingeniaron para informar al mundo de lo que allí sucede pese al amordazamiento de la prensa local y extranjera.
 
Pese a todo, no creo que convenga hacerse ilusiones para el corto plazo. Probablemente la revuelta sea aplastada en pocos días más, como lo fue la "primavera de Praga" por los soviéticos o como lo hicieron los chinos en Tiannamen. Y aún en el improbable caso que los manifestantes obtengan alguna clase de triunfo, ya sea nuevas elecciones o una revisión de las realizadas, nada cambiará en la medida en que el inconformismo no vaya a fondo y se rebele contra el poder mismo de los ayatollahs. Por ahora no nos engañemos: la mayoría de los que participan en las marchas por las calles de Teherán probablemente no estén aún dispuestos a abandonar la teocracia, convivir pacíficamente con Israel o reconocer plenos derechos a las mujeres.
 
Sin embargo, los incidentes de estos días pueden dejarnos algunos espacios para la esperanza.
 
En primer lugar, es una muestra elocuente de que la religión musulmana no es en si misma un obstáculo para la existencia de instituciones republicanas que respeten los derechos individuales, como los teóricos del "choque de civilizaciones" nos quieren hacer creer. Las ciudades de Medio Oriente no están habitadas exclusivamente por fanáticos dispuestos a inmolarse en nombre de Alá, sino por personas que, más allá de sus creencias, desean vivir en paz, que se respeten sus derechos y que su voz sea escuchada por los gobernantes.
 
En segundo lugar, al menos en Irán, parece ser que existen personas con el suficiente coraje cívico como para no arrodillarse cobardemente frente a los déspotas. Eso no quiere decir que piensen en los mismos términos que un ciudadano suizo o un australiano. Pero al menos allí está germinando tímidamente el espíritu de la libertad. Quizá, si el mundo apoya a quienes desean cambios, por más tibios que sean, algún día ese germen pueda crecer con fuerza y finalmente vencer a la opresión, más allá de una ocasional derrota. Del mismo modo en qué, por ejemplo, pese a la derrota de la incipiente revolución checoslovaca en manos de los tanques soviéticos allá por la década de 1960, el régimen no pudo evitar que a la larga floreciera la "revolución de terciopelo" que llevó el progreso, la libertad y la democracia a la República Checa dos décadas más tarde.
 
Ojalá los eventos de estos días nos sirvan para entender no sólo que no se puede identificar a todos los iraníes de a pie con el loco fanático religioso, negador del holocausto y amante de las bombas atómicas que los gobierna, sino que también es preciso hacerles saber a quienes arriesgan su vida para combatir a ese régimen tiránico e ilegítimo que el mundo no los dejará solos esta vez.

viernes, junio 12, 2009

La tiendita del horror (o el lado oscuro de la legislación municipal)

I. Mientras el lobo no está
 
Si hay algún área del Derecho a la que podemos sin dudas catalogar como "La Cenicienta" del sistema jurídico es la de la legislación municipal. Siempre ocupados en asuntos en apariencia más glamorosos e importantes, los abogados solemos prestar poca atención a lo que hacen concejales y legisladores en materia de contravenciones, habilitaciones comerciales, reglamentación del uso del espacio público, etc. Pensamos que esas son minucias de las cuales deben ocuparse los bolicheros de barrio, los activistas con abundante tiempo libre, los sindicalistas de poco vuelo o los habitués a canchas de bochas, pero nunca los grandes doctores que portan trajes Super 120 y corbatas de seda italiana. Con la muy notable excepción del querido Mario Juliano, quien se ha ocupado bastante del derecho contravencional (leer "Justicia de faltas, o falta de justicia", libro que está en mi larga lista de "pendientes"), es poco y nada lo que se ha analizado el derecho municipal desde la óptica más amplia de las garantías constitucionales y supranacionales. Y eso ha dejado el espacio abierto para que los ediles a lo largo y ancho del país hagan de las suyas, dictando algunas de las normas más ridículas, arbitrarias y palpariamente inconstitucionales que nos podamos imaginar.
 
Mi ejemplo preferido de ese paraíso del desatino jurídico es el Código de Habilitaciones y Verificaciones de la Ciudad de Buenos Aires, verdadero Frankenstein legal nacido en tiempos de la dictadura y que con el transcurso de los años se ha mantenido firme en su férreo espíritu autoritario, extravagante y descarriadamente paternalista. De ahí elegí hoy dos perlitas que paso a criticar.
 
II. Quien te lustra los zapatos
 
El capítulo 11.4 del Código en cuestión regula la actividad de los "lustradores de calzado en la vía pública", noble oficio hoy un tanto en decadencia, pero que aún florece en la zona de Tribunales y las peatonales céntricas. Cabe aclarar que lo que regula la legislación en cuestión es el ejercicio de esta actividad en la vía pública y no en locales privados, como lo pueden ser los que se encuentran en las galerías que cruzan por debajo de la Av. 9 de Julio. No es entonces, en principio, irrazonable algún grado de reglamentación en materia de uso del espacio que nos pertenece a todos. Lo curioso es, sin embargo, el arbitrario criterio establecido por la norma para otorgar los correspondientes permisos municipales para ejercer esta actividad.
 
Según el art. 11.4.2, el susodicho permiso sólo podrá ser otorgado a:
a) Personas mayores de cuarenta y cinco (45) años;
b) Mayores de dieciocho (18) años con incapacidad física para tareas de más esfuerzos, certificada por el Hospital Municipal de Rehabilitación "Manuel Rocca". Los postulantes no deben poseer otros ingresos suficientes para la atención de sus propias necesidades y las de su grupo familiar.
Evidentemente la norma persigue un propósito de "discriminación positiva" a favor de un sector económicamente vulnerable, como es el de las personas mayores de 45 años y el de quienes padecen de alguna discapacidad física, que sin dudas se encuentran entre los que mayores dificultades tienen para acceder a un puesto de trabajo. Sin embargo, como tantas otras veces, el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones.
 
Lo primero que no se entiende es por qué se priva a los menores de 45 años que no padecen ningún tipo de discapacidad (o que la padecen, pero tienen otros ingresos) de la posibilidad de ejercer el oficio de lustrabotas en la vía pública en cualquier lugar de la ciudad de Buenos Aires. ¿No es ello una restricción abusiva y arbitraria del derecho de ejercer industria lícita consagrado en el art. 14 de la C.N.?
 
Supongamos que una persona de 30 años, que no es discapacitada y tiene un trabajo en relación de dependencia, por puro hobby tiene ganas de lustrar zapatos en la vía pública algunas horas por día, o durante los fines de semana. ¿Cuál es el motivo para impedírselo?
 
Podría argumentarse que, como el estado de la Ciudad de Buenos Aires es titular de las aceras, tiene el derecho a otorgar concesiones para su uso con cierto margen de discrecionalidad, y no es inválido que utilice esa discrecionalidad a favor de sectores particularmente desfavorecidos.
 
Sin embargo, ello no alcanzaría a contestar el argumento relativo a que se trata de una discriminación arbitraria que viola el principio de igualdad ante la ley, dado que tales exigencias no se imponen a otros usos de la vía pública: ¿por qué de los muchos usos para los que se autoriza el usufructo privado de la vía pública, sólo para el de lustrar botas se exigen requisitos de edad o de discapacidad física? ¿Por qué no se imponen las mismas exigencias, por caso, para la instalación de mesas de bares y restaurantes, y se las habilita sólo si el titular de los mismos es mayor de 45 años o discapacitado físico? Lo mismo podría decirse de florerías, puestos de diarios y otras actividades que se desarrollan sobre las veredas de la ciudad...
 
Además, quedan dos argumentos adicionales en contra de la validez constitucional de la restricción: es irrazonable, por cuanto podían arbitrarse medios menos restrictivos del derecho a ejercer industria lícita para alcanzar el fin de la norma (por ejemplo reservando las zonas más rentables para personas con discapacidades, pero permitiendo que cualquier persona pueda ejercer como lustrabotas en el resto de la ciudad); y porque el criterio de exclusión es antojadizo en el caso de la edad (¿por qué 45 años y no 43, 48 o cualquier otro número que se nos pudiera ocurrir) y demasiado difuso para establecer el grado de incapacidad exigido (¿qué significa no poder realizar tareas de "más esfuerzos"? ¿atender un teléfono requiere un mayor esfuerzo que lustrar un zapato? ¿sacar brillo a los mocasines es menos trabajoso que repulgar empanadas?).
 
Estando en juego un derecho constitucional como el de ejercer un oficio lícito, la norma que restringe su ejercicio sólo podrá superar el test de constitucionalidad si demuestra que: a) la necesidad del fin que pretende alcanzar; y b) que el medio adoptado para alcanzar ese fin es el menos restrictivo del derecho de todos aquellos medios legales posibles. Creo que al menos la segunda condición no es superada por la norma que analizamos.
 
Párrafo aparte merece la antojadiza imposición de que los lustrabotas deban "usar saco azul o gris" (art. 11.4.5). No veo cual es la razón por la cual una norma legal debería imponer un determinado criterio estético en cuanto a la vestimenta que debe utilizar quien ejerce un oficio en particular. Ni la higiene ni el decoro públicos se ven afectados por el hecho de que los lustradores de calzado vistan de rojo, verde, lila o cualquier otro color de su gusto. Una arbitrariedad si se quiere menor, pero arbitrariedad al fin.
 
Se que no serán legión los ciudadanos ansiosos de lustrar calzado en la vía pública que impugnen judicialmente la norma, pero ello no la convierte en una muestra de intervencionismo estatal menos absurda y menos inconstitucional.
 
III. Ezta lenjua hes miá (perfeccionismo ortográfico)
 
Otro ejemplo del poco cuidado que suelen tener los legisladores municipales (o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en nuestro caso) a la hora de respetar las más elementales garantías constitucionales lo podemos ver en la regulación de la publicidad establecida en el Código de Habilitaciones y Verificaciones porteño.
 
En el capítulo 13.6, titulado sugestivamente "de las prohibiciones", vemos una norma que dice lo siguiente:
13.6.1 Un anuncio no debe:
 
a) Vulnerar las normas de gramática castellana, incurriendo en errores de semántica, de sintaxis, de ortografía. Utilizar giros verbales o expresiones ajenas al idioma: introducir neologismos innecesarios mediante la deformación de vocablos de uso común, o barbarismos que afecten la idiomática. Esta prohibición comprende también aquellos anuncios o leyendas que sean visibles desde la vía pública, incluso afiches aun para cuando su colocación o exhibición no se requiera obtener permiso de acuerdo al ordenamiento del presente código.
Quedan excluidas de esta prohibición las marcas o nombres distintivos, debiendo en estos casos acreditarlos como tal.
Aquí la cosa es aún más complicada que en el caso anterior, puesto que lo que está en juego es una de las llamadas "libertades preferidas": la libertad de expresión. Como es sabido, nuestra Constitución y la CIDH establecen una protección amplia de la libertad de expresión, que no discrimina entre distintos tipos de expresiones (políticas, artísticas, comerciales, etc.) y está reafirmada por la explícita prohibición de la censura previa. Sólo en algunos casos taxativamente establecidos (protección de menores, discurso del odio) se admite la posibilidad de cercenar ese derecho en aras de un interés considerado superior. Está claro, entonces, que no existe modo de admitir la constitucionalidad de una norma que cercena las posibilidades de expresión comercial en función de asegurar la pureza de la lengua castellana.
 
La protección de determinados usos idiomáticos no está desde ningún punto de vista colocada en un plano superior a la libertad de expresión, y en lo personal ni siquiera me parece un interés digno de protección legal. Los idiomas mutan, se transforman con el curso del tiempo por el mero uso social, y las reglas semánticas, sintácticas y ortográficas no tienen otro propósito que facilitar la comunicación de las personas, pero carecen de fuerza legal.
 
La norma, como está redactada, conduce al inmovilismo idiomático y cercena las posibilidades de expresión de los ciudadanos, que muchas veces requieren de la invención de neologismos o el cambio de ciertas reglas sintácticas o semánticas, o incluso la utilización de idiomas distintos del castellano. Si quisiéramos aplicar a rajatabla esta norma, deberíamos prohibir la utilización de términos como "googlear" o la utilización de cartelería en idioma mandarín en el barrio chino. Está claro que una norma de este tipo no sólo no atiende ningún interés público (los comerciantes suelen tratar de usar el idioma en la forma comunmente aceptada sin que la ley los obligue, simplemente para que sus potenciales clientes los entiendan), sino que es abiertamente contraria a la protección legal de la libertad de expresión.
 
¿Quién determina, además, cuando un neologismo es "innecesario", o cuando un "barbarismo" "afecta la idiomática"? Semejante ámbito de discrecionalidad no puede ser otorgado a autoridad administrativa alguna cuando lo que está en juego es nada más y nada menos que la libertad de expresión.
 
En conclusión, y como ya lo sostuviera alguna vez, pareciera que en ocasiones la Constitución no llega a los municipios (ni a las ciudades autónomas). En estas pequeñas cosas es donde vemos hasta que punto nos hemos acostumbrado a que se cercenen nuestras libertades con las excusas más pueriles. Invito a los lectores a buscar y denunciar otros ejemplos de estas pintorescas e inconstitucionales normas que crecen como hongos en los más oscuros resquicios de la legislación municipal.

lunes, junio 08, 2009

Parroquiales


El miércoles estamos haciendo la presentación del Partido Liberal en un coqueto hotel céntrico. Prometí no meterme más en proyectos políticos, pero el vicio es más fuerte que yo. Así que espero contar con vuestra distinguida presencia para el lanzamiento del partido. Habrá discursos, trataremos de explicar de qué se trata el tan bastardeado liberalismo y responderemos preguntas y gruesos epítetos del público. También habrá copetín y venta de merchandising. Por favor, abstenerse de tirarnos huevos y otros objetos contundentes.

lunes, junio 01, 2009

Por qué votaría al Partido Obrero

De un tiempo a esta parte, definir el voto se ha tornado un intríngulis imposible de resolver hasta para el más avezado politólogo. Es que si antes existían parámetros medianamente claros para poder decidir a cuál papeleta íbamos a honrar introduciéndola en la urna, hoy nos hemos quedado sin una brújula que nos oriente respecto de lo que propone cada quien. El tiempo en que uno tenía una certeza más o menos fundada de que los candidatos del partido tal, una vez sentados en el Congreso, votarían en tal sentido, y los del partido cual lo harían en tal otro, ha quedado enterrado debajo de una montaña de incertidumbre. Las tan vilipendiadas ideologías, supuestamente superadas en aras de la pragmática modernidad, al menos eran útiles para poder ordenar nuestras expectativas. Hoy no tenemos ni eso.
 
Si uno mira apenas la superficie de las listas que presentarán las distintas agrupaciones políticas (¡ni partidos nos han quedado!) para las próximas elecciones, el panorama es desolador. Por un lado, tenemos un oficialismo cuyas malas artes son por todos conocidas, por más que se empeñe desganadamente en barnizarlas con un discurso de gastado izquierdismo combativo, que no alcanza a ocultar que todo lo que se hace parece seguir al pie de la letra el manual del filofascismo latinoamericano: estatismo, prepotencia, censura, clientelismo, etc. Para colmo ese autoproclamado progresismo está integrado por una mèlange de setentistas montoneros, caudillos del peronismo paleolítico, marginales redimidos y sobrevivientes de la Ucedé reciclados en formato nacional y popular de quienes no sabemos con qué podrán salirse mañana. Cuando el "oficialista crítico" Alberto Fernández, después de pasar sucesivamente por la rancia derecha del Partido Nacionalista Constitucional, el "neoliberalismo" menemista y el menemismo culposo junto a Cavallo, declama su nueva fe progresista alabando las bondades del comunista Heller, no puedo menos que ahogar la vergüenza ajena. Después de todo, con esta gente la única certeza que tenemos es que se llevará a la práctica cada capricho histérico del presidente en las sombras, al menos hasta que éste no se digne a caer del todo en desgracia.
 
Pero por el lado de la oposición, el panorama no es mejor. El Pro, partido de los millonarios que juegan a la política y por ende uno pensaría defensor del dandismo piola y pro mercado, no se sabe muy bien de que la juega. O peor, si se sabe, pero uno preferiría no enterarse. Detrás de la cara amable de una Gabriela Michetti que uno no sabe bien qué cornos hizo en la vida ni que piensa, pero al menos sabe que es simpática y no se pelea con nadie, detrás de la imagen eficiente y el acento afectado de Barrio Norte de Mauricio Macri, se agazapan una manga de chantas que se dedicó a la política porque es incapaz de hacer la "o" con un vaso y conseguir un trabajo decente y lo peor del duhaldismo residual (o no tanto), mezclado con algún que otro facho de esos que siempre andan dando vueltas (y que por algún motivo todavía no se hizo oficialista) y quizá uno o dos liberales genuinos que andan más perdidos que turco en la neblina. Qué puede votar esta gente el día de mañana es un enigma indescifrable: aún cuando se pudiera pensar que son tipos más o menos sensatos con escasa inclinación al delirio místico-estatista, no puede soslayarse que muchos de ellos son los mismos que hace algunos años incendiaron el sistema financiero para salvar a dos bancos estatales cuya única función es regalarle plata a los amigos, y que esos mismos y otros tanto andan en oscuras negociaciones con lo más turbio del submundo político bonaerense.
 
Y finalmente tenemos al Acuerdo Cívico Igualitario, la Coalición Moral y Social, la Alternativa el Civismo Republicano o cómo diantres se llame a esta altura ese espacio tan amplio y generoso como para albergar a ex piqueteros, constitucionalistas de renombre, viejos radicales carcamanes, tipos que no saben si son oficialistas u opositores, chacareros sublevados y hasta al mismísimo vicepresidente de la Nación. Ahí tenemos a gente rescatable como Alfonso Prat Gay, economista sensato, de buenos antecedentes y hasta medianamente pintón, Ricardo Gil Laavedra, colega con un más que razonable prestigio profesional, o Patricia Bullrich, mujer corajuda y de quien personalmente guardo el mayor de los respetos. Pero también hay socialistas que no saben si defender la propiedad privada oponiéndose a la famosa "125" o enterrarla definitivamente votando a favor del robo descarado de los aportes previsionales del extinto sistema de capitalización. Y alguna vez coquetearon por ahí impresentables como Macaluse y Sabatella, que todas las mañanas le preguntan al espejito si deben estar a favor o en contra. En definitiva, gente que no se sabe del todo que piensa hoy, es difícil pronosticar qué pensará mañana e imposible aventurar qué puede llegar a hacer si algún día accede al poder.
 
A veces pienso que es mejor tener partidos con ideas erradas, pero que al menos sean previsibles. La previsibilidad es sin duda un activo invalorable para cualquier sociedad. Es lo que permite acomodar nuestras conductas a ciertos parámetros, hacer conjeturas más o menos ciertas sobre el futuro y planificar la vida al mediano y largo plazo. Lo que en definitiva permite la inversión, el desarrollo, la mejora en la calidad de vida. Y es esa certeza lo que han destruido estos políticos que no han renunciado a la ideología por convicción intelectual, sino porque adoptaron la política como medio de vida, como quien elige ser verdulero, contador o actor de telenovela. Lo cual los obliga a convertirse en camaleónicos seres desprovistos de toda convicción, dispuestos a inmolarse en el altar de las circunstancias, ajenos a toda concepción de la política como medio para algo y no como un fin en si mismo.
 
Será por eso que estoy tentado de votar al Partido Obrero. El único partido que desde que tengo memoria conserva nombre, ideología, candidatos y hasta estética. Un partido integrado por personas que evidentemente están convencidas de lo que pregonan, puesto que si así no lo fuera, en vista de sus paupérrimos resultados, ya habrían mutado hace tiempo. Tipos que saben que el trotskismo no genera otra cosa que ganas de salir corriendo al escuchar su nombre, y así y todo no les da vergüenza declararse trotskistas. Un canto a la coherencia y a las convicciones a través de las décadas. Lástima que estén equivocados de cabo a rabo. Si no, quizá los honraría con mi voto.

lunes, mayo 25, 2009

Masculinidad, femineidad, igualdad

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Internet permite llevar los ejercicios de libre asociación de ideas a resultados insospechados. Por una de esas búsquedas en Google en las que las ganas de matar el tiempo vacío llevan de una cosa a otra por vinculaciones más bien laterales, terminé disfrutando por un buen rato de los disparatados sketches de Benny Hill que fueran furor por estos pagos en la década de los ochenta.
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El humor de Mr. Hill es la clase de placer que la corrección política imperante ha convertido en un placer culposo. Porque el contenido innegablemente chabacano de ese programa que consistía básicamente en un británico con cara de libidinoso correteando señoritas ligeras de ropa es algo que hoy día las mentes bienpensantes intentan borrar del mundo por sexista, por denigrante hacia la mujer, por políticamente incorrecto. Quizá sea que la pacatería ha adquirido formas más sofisticadas y el ánimo censor se ha revestido de un discurso pretendidamente "progre". La cuestión es que, merced a los adalides de la igualdad sexual, el entrañable "Show de Benny Hill" es un tabú de la televisión actual, ha sido erradicado de la televisión abierta y el cable, que sin embargo siguen recurriendo a la repetición de bodrios aún más entrados en años y de seguro menos divertidos.
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¿Y cual es la fuente de la proscripción? Que el gordito picarón tenía como principal gracia la de intentar manosear señoritas (objetivo raramente coronado por el éxito) y sus chistes tenían casi invariablemente un contenido sexual que relegaba a la mujer al rol de mero objeto de satisfacción masculina. El lugar que daba Benny a las mujeres en sus rutinas cómicas es lo que lo ha condenado al olvido. No hay peor pecado mediático en los tiempos que corren que aparecer como machista y depravado.
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Sin embargo, hay algo en que los militantes del igualitarismo y el neo feminismo no reparan: en el humor vulgar y sexista de Benny Hill la mujer era un objeto, pero un objeto necesario. Los que deploran el lugar de sometimiento al que se relegaba allí a la mujer me deberían responder: ¿quien sometía a quien en esa farsa? Porque el personaje de la comedia estaba obsesionado con satisfacer su líbido a través de las bellas féminas que lo rodeaban, pero a la vez estaba dominado por ese deseo. Por otro lado, el chiste no hubiera sido gracioso sin la presencia de la mujer. ¡Nadie se hubiera reído si el viejito que acompañaba a Benny se hubiera baboseado con una maceta en lugar de con un culo o una teta!
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En el juego de atracción entre el hombre y la mujer, por más burdo que sea el modo en que se plantee, lo diferente es necesario. Los opuestos se atraen y se complementan. Y el dominador muchas veces es el dominado por el objeto de su deseo.
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Por el contrario, en la utopía igualitarista en la que la atención hacia lo diferente debe ser reprimida y todos debemos mirarnos y tratarnos como si fuéramos idénticos aunque no lo seamos, el otro se torna innecesario. Es un mundo en el cual el deseo se suprime por inmundo, por primitivo. Donde cada uno se termina aislando en si mismo, porque el prójimo no tiene nada para ofrecerle, no debe despertar su fantasía, su morbo, no debe generarle en definitiva absolutamente nada. Un limbo en el cual nadie podrá sentirse ofendido, pero tampoco deseado y mucho menos amado.
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¡Qué mundo este que pregonan los gladiadores de la igualdad! Mejor me quedo con ese en el que un inglés maduro podía hacernos reir tocando un culo, donde para reirnos nos necesitábamos los unos a los otros.