Los "in" y los "out" de las elecciones
Finalmente pasaron las elecciones. Ese acontecimiento cívico que nos tenía a todos como enajenados, sin poder pensar en otra cosa, ha quedado atrás. La Argentina vuelve a andar: todos los temas que se venían postergando para después de los comicios serán sin duda concienzudamente analizados y serán tomadas las medidas y correcciones del caso. Los precios podrán subir tranquilos sin ser acusados de conspiradores, muchos artistas viejecillos y no tanto que venían estirando el encuentro con San Pedro podrán por fin estirar la pata sin ser sospechados de contribuir a una cortina de humo, políticos de todas las tendencias dirán barbaridades a destajo sin temor a piantar votos. ¡Todo volverá a ser cómo era! ¿Normal? No, pero al menos volverá a funcionar a toda máquina el delirio al que tan acostumbrados estamos.
Pero antes de que todo vuelva a la habitual anormalidad argentina, es menester hacer un breve repaso de los ganadores y perdedores de estas elecciones.
I - Los "in"
El cívico acontecimiento del domingo ha dejado un puñado de vencedores y resucitados. A ellos elevamos nuestros elogios más obsecuentes en la esperanza de que se acuerden de nosotros en tiempos de bonanza. Si ese recuerdo viene en la forma de una embajada en un destino atractivo, dinero contante y sonante o un fin de semana en la quinta del tano Berlusconi, las propuestas serán bien recibidas y oportunamente evaluadas. Aquí la lista de los que salieron del baile con la frente en alto:
- La venganza del Cabezón: Hace algo más de un año un reconocido periodista político comentaba en privado que el Gran Bañero Bonaerense, cuando le preguntaban por la supuesta traición de algunos caciques del conurbano que antaño le respondieran fielmente, contestaba apenas con una sonrisa enigmática. Algo se tenía entre manos. Y parece que las tácticas de avezado ajedrecista le han permitido hilvanar lentamente su venganza. Si bien el triunfo bonaerense estuvo bien sazonado por los millones que aportó el colorado candidato oriundo de la tierra del café, algunos sorpresivos resultados en bastiones históricos del peronismo de Perón (como Lanús, Tres de Febrero, Ituzaingó o San Fernando) parecen platos salidos de la más pura cocina duhaldista. No hace falta ser demasiado conocedor de la política bonaerense para advertir que las listas de Unión Pro estaban más que superpobladas de los adláteres de Don Eduardo. Mi pronóstico es que los asados domingueros del cabezón estarán más concurridos que nunca en los próximos meses, no obstante lo cual el anfitrión probablemente decida retomar gustoso el papel que mejor sabe interpretar: el de quien digita el poder en las sombras. Si Banfield clasifica a la próxima Copa Libertadores, la hipótesis estará plenamente confirmada.
- Los muertos que vos mataís...: El partido de las boinas blancas, el que se rompía pero no se doblaba, parecía hasta no hace mucho condenado a la definitiva desaparición. Sin embargo, mezclando dosis similares de trabajo silencioso y pura carambola, el finado se levantó del cajón en medio del velorio y se puso a caminar. El silencioso empeño tras bambalinas de la Pitonisa Chaqueña, trayendo de vuelta al redil a los díscolos y reconciliando a muchos irreconciliables, dio un resultado sorprendente al pelearle el primer lugar en la grilla nacional a un oficialismo pletórico de recursos. Probablemente no sea ella la más indicada para pelear por la presidencia en el próximo turno electoral: su imagen está desgastada e inmoló buena parte de sus posibilidades al ponerse en Capital detrás del candidato menos carismático que se recuerde en mucho tiempo. Pero el viejo partido, desprendido del vetusto folclore y de impresentables como Moreau y Storani, puede volver a pelear dignamente por el poder. Tiene fuerza en el interior (obtuvo excelentes resultados en provincias grandes como Mendoza, Córdoba y Entre Ríos) y un presidenciable con buenas perspectivas, en la figura de un opaco vicepresidente que pasó a ser tenido en cuenta merced a haber aprovechado la gran oportunidad que le dio el destino, y haber ratificado después el predicamento en su terruño. Tampoco puede descartarse algún aspirante al premio mayor venido de la tierra del buen humor y los alfajores de fruta, donde el pintoresco aliado de Lilita y el partido de Alem, usando su nombre propio, se repartieron la victoria y propinaron una soberana paliza a los representantes del oficialismo nacional.
- Llevarse una victoria de arriba, eso si que es Pro: El ingeniero jefe de gobierno y reconocido xeneixe es un verdadero bendecido por la diosa fortuna. No sólo por la fortuna literal heredada de su industrioso padre, sino porque la combinación de resultados lo favorece aunque no quiera. Su lista en el distrito que gobierna no obtuvo un desempeño muy brillante, ganó con lo justo (aunque que ganó, ganó), pero como él no fue candidato no puede ser señalado como padrino del semifracaso. Y el batacazo obtenido por su socio partidario y colega millonario lo favorece a él más que a nadie, puesto que su verdadero dueño no puede aspirar a la presidencia por ser colombiano. Cuando se dirima la interna presidencial del neojusticialismo, Mauricio podrá alardear de haber participado del knock out al poder pingüino, sin haberse subido directamente al cuadrilátero. Si las huestes del Gran Bañero Bonaerense se deciden acompañarlo, es número puesto para las futuras presidenciales.
- ¡Los dejó colorados!: Hasta no hace mucho, el colorado era apenas conocido por haber vendido Casa Tía en una cifra que dejaría frío a más de uno y por su pasado vinculado a la farándula y los excesos de la noche esteña. Sin embargo, quizá cansado de tanta frivolidad, se propuso pelear en la Primera División de la política vernácula y lo logró. Su fórmula exitosa, una suerte de peronismo zen que mezcla la marchita con los tatuajes orientales, tiene básicamente tres patas: el cualquiercosismo ideológico, un justicialismo bonaerense sediento de nuevos líderes y mucha, pero mucha, plata para invertir en campaña. Fue por el premio mayor y lo consiguió, como Uruguay cuando el Maracanazo. Los críticos podrán objetar que le ganó al aparato con el aparato. Pero que es la cara visible de la victoria (de la cara oculta ya nos ocupamos antes) nadie lo puede negar.
II - Los "out":
El 28J también dejó fuera de servicio a unos cuantos candidatos. Si nos llaman por teléfono les diremos que estamos en reunión. Aquí los grandes perdedores de la jornada:
- El Rey está desnudo: El éxito, la fama y la fortuna marean. Hay quien sabe retirarse a tiempo, y quien se hunde en la bacanal, sólo escucha a los amigos del campeón y se informa con el diario de Irigoyen. Le pasó a Mike Tyson, le pasó al Loco Housemann y le pasó a Michael Jackson, entre tantos otros a los que el triunfo los volvió locos. El Pingüino y su Chirolita realmente se creyeron con derecho a hacer lo que les venga en gana. Se pensaron invencibles a tal punto de hipotecar su futuro convirtiendo el semifondo en la pelea por el título. No dejaron macana sin hacer, y encima se jugaron el todo por el todo poniéndose personalmente en la línea de batalla. Las alarmas de la realidad sonaron varias veces, pero hicieron caso omiso y pusieron los motores a fondo, como el piloto del fatídico vuelo de LAPA. Nunca se anoticiaron de que el poder que creyeron propio era en realidad prestado: el peronismo acata al que gana, pero nunca simpatizó con el socialismo del siglo XXI ni con el de ningún otro siglo, no gusta de la centralización de los negocios turbios, ni de las reivindicaciones setentistas. Como dijo el compañero camionero en medio del affaire Techint: "Perón no nos enseñó a estatizar empresas". Generaron hartazgo al punto de que, probablemente, cualquier candidato con cincuenta millones de dólares para gastar en campaña les hubiera pasado el trapo. Para colmo parecen no haber acusado el golpe e insistir neciamente en su autismo: la frase de la prescindente diciendo que obtuvieron "una contundente victoria del 1,03 % a nivel nacional" entró en el podio del patetismo político nacional junto al "qué lindo que es dar buenas noticias" del malogrado De La Rúa. Los deudos ya se prueban sus ropas, y el finado todavía no se enteró de la hora de las exequias.
- Dicen que soy aburrido: En la provincia de Santa Fe se libraba el duelo de las dos "esperanzas blancas" de la política vernácula. Por un lado el enigmático ex corredor de Fórmula 1 que hace años se presenta como la vertiente razonable del justicialismo, y por el otro lado el niño mimado del socialismo autóctono, el gobernador que logró romper la larga hegemonía pejotista en su provincia, y que decidió competir, vía interpósita persona, mediante el eslabón perdido entre Roberto Piazza y Adolfo Rodríguez Saá (creo que se llama Rubén Giustiniani y alguna vez fue candidato a vicepresidente). La tarea de Hermes (que no tiene nada que ver con la afamada fábrica de corbatas) no parecía tan complicada: tenía al caballo del comisario compitiendo contra uno de los tipos más aburridos e inexpresivos que uno pueda imaginar, y que para colmo no fue precisamente descollante cuando le tocó ocupar el sillón de gobernador. Sin embargo, los socialistas de los pagos del alfajor Merengo demostraron una vez más tener menos onda que pelo de chino y ser lo suficientemente pechofríos como para perder con el automovilista devenido ídolo campestre. Para colmo, al gobernador le pegó mal la derrota y se despachó con que quienes habían votado al Lole "sufren el síndrome de Estocolmo". Un mal perdedor que demostró no estar a la altura de una candidatura presidencial. Mientras tanto, el digno Partido Socialista deberá seguir prendiendo velas para que pronto aparezca la reencarnación de un líder carísmatico como Alfredo Palacios.
- Mejor volvé al banco: Confieso que me había entusiasmado el ex presidente del Banco Central, y tenía pensado votarlo. Parecía a priori un buen candidato. Un tipo joven con excelentes antecedentes académicos y profesionales, con un paso digno por la administración pública. Sin embargo la primer candidatura a diputado le quedó grande. Transformó lo que debía ser un paseo dominical del Acuerdo Cívico en la Capital, que estaba tranquilo en el segundo puesto y con aspiraciones al primero, en una pesadilla. Espantó los votos de centroizquierda con su pose acartonada y su impronta economicista. Espantó los votos de centroderecha con su tardío y poco creíble ataque de estatismo. Su tono monocorde, su falta de gracia, no lograron motivar en el electorado otra sensación que no sea el sopor. Una lástima, porque al principio daba el perfil de aquello que a la política le anda faltando: gente joven, capacitada, con mundo, con ganas. Su debacle se llevó puesta a la rubia y eterna candidata a la presidencia, que se jugó con una apuesta demasiado riesgosa para un electorado tan volátil como el porteño, y deberá resignarse a seguir jugando de pitonisa y a los armados de perfil bajo, que no le sientan tan mal.
III - Las mentiras de la elección:
Todo comicio suele deparar un par de sorpresas que a la larga demuestran ser golondrinas de un sólo verano. O amagan con catapultar a la cima a personajes que siempre se quedan en el amague. Acá los grandes vendehumo de la jornada:
- Uno que se queda plantado: El hecho de que el Acuerdo Cívico no presentara candidatos a diputado por la Capital Federal (bueno, los presentó pero es como que no hubieran querido hacerlo), dejó perdido como bola sin manija al 40% del electorado porteño que se supone de centroizquierda progresista, que vota según el clima y que tiene gusto por erigir ídolos fugaces y después demolerlos. Está vez el elegido del volátil electorado de la Reina del Plata fue un insufrible cineasta con un más insufrible aún discurso de izquierda nacionalista. El primer dueño de una camioneta Hummer en territorio nacional hizo una elección tan buena que a él mismo sorprendió. Si le daban unos días más, hasta la ganaba y todo. Pero de ahí a pensar que es una figura con proyección nacional hay un largo trecho. En primer lugar, porque como todo el mundo sabe, los porteños gustan de jugarla de rebeldes y consagrar a franquicias con las que después no pasa nada, como ocurrió con el PI, el Mas, el Frepaso, Luis Zamora, Vima Ripoll y otros tantos que se disputan un electorado gustoso de las propuestas de izquierda, siempre y cuando no lleguen al gobierno. ¿Alguien puede pensar seriamente que tiene proyección futura un personaje que hace gala del nacionalismo más rancio, se saca fotos con Hugo Chávez y hasta tiene algún coqueteo antisemita? Dentro de dos años nadie se acuerda del fenómeno Pino. Le va a pasar como a Bart Simpson en el capítulo del "niño yo no fui". Y además para ese entonces su partido, siguiendo la venerable tradición de la izquierda, probablemente haya estallado en mil facciones en pugna.
- La esperanza que no va a ser: Hace años que se viene vendiendo la historia de que hay un líder racional en el justicialismo que puede ser un gran presidente, que contaría con un apoyo masivo de las urnas y que podría reencauzar a la Argentina por la senda del diálogo y la institucionalidad. Lástima que ese tipo una vez le estaba por ganar a Alan Jones y se quedó sin nafta. Y otra vez estuvo a punto de ser presidente, pero vio "algo que no le gustó" y pegó el portazo. Otra vez se encapsuló en el ostracismo por años porque necesitaba reflexionar. Y tiene menos gracia que los chistes de Larry De Clay. Basta de mentiras: el ex piloto de carreras no va a ser nunca presidente. No tiene ganas de serlo. No tiene el tesón, la malicia ni el carisma necesarios para ser ungido por uno de los movimientos políticos más complejos y traicioneros del orbe. Ganó una elección con lo justo frente a un rival con las mismas carencias que él, pero potenciadas. Con eso no alcanza para superar la picadora de carne del PJ.
IV - Apostillas
Antes de dar por concluido el análisis de las elecciones, algunas pequeñas apostillas de la jornada:
- En épocas de resurgimiento estatista, el capital privado demostró su eficiencia: la campaña bancada con fondos propios por De Narváez fue más efectiva que la pagada con fondos de todos por el oficialismo.
- Barbijos, bufandas y alcohol en gel fueron el "must" del comicio.
- Hubo más irregularidades que de costumbre, aunque no generalizadas. Mucho caso de personas que no pudieron votar por problemas en el padrón, o de documentos mellizos. Si no se habló más del tema, es porque no ganó el oficialismo.
- Los hermanos Rodríguez Saá no logran su tan ansiada inserción nacional: su elección fue desastrosa y sus candidatos no alcanzaron el 1% fuera de San Luis. Igual arrasaron en la mesa 508 de Necochea. Al igual que los candidatos del Néstor y Chirolita en El Calafate.



