Algunas ideas sobre educación
Como ya lo destaqué en un artículo anterior, una de las causas de nuestro endémico atraso económico y político es la existencia de creencias autoritarias y estatistas arraigadas en una porción significativa (no creo equivocarme si más bien digo abrumadoramente mayoritaria) de la población. Estas creencias, que no son patrimonio exclusivo de ningún estrato social (incluso son particularmente fuertes entre las elites con instrucción universitaria), hacen que sea particularmente difícil plantear un programa político liberal, el cual se verá indefectiblemente enfrentado con la idea de que el Estado es capaz de resolver todo tipo de conflictos sociales, de proveer bienestar económico, etc. (y que además esa es su función primordial). No voy acá a ponerme a explicar porqué todas esas funciones pueden ser cumplidas por la sociedad “civil” en la mayoría de los casos de modo más eficiente y sin necesidad de recurrir al aparato coactivo del Estado. Lo que creo es que, antes de que las razones esbozadas de Adam Smith para acá en favor de una sociedad libre, hay que crear las bases para que esa visión del mundo pueda ser asimilada por la ciudadanía.
En este sentido, la educación pública ha jugado un rol fundamental en la creación y difusión del ideario autoritario y nacionalista, que ha arraigado ciertos mitos contrarios a las nociones de libertad y responsabilidad individual tan necesarias para el desarrollo de una sociedad verdaderamente libre y próspera.
Como lejos estamos de la abolición de la educación pública (algo por lo que abogan algunos liberales, pero que por el momento no estoy dispuesto a sostener), creo que en cambio deberíamos aprovecharla como mecanismo formidable de transformación del ideario social, capaz de general la tierra fértil donde se asiente la cultura de la libertad.
Como algunas pequeñas ideas, propongo los siguientes cambios en el contenido de la enseñanza primaria:
- Abandono de los mitos patrióticos y militaristas: Sería bueno, por ejemplo, que se derogue el “juramento de lealtad a la bandera”, práctica chauvinista más propia de la Alemania nazi que de una república democrática. Algo mucho más profundo sería un cambio de enfoque en la enseñanza de la historia, dejando de lado el hincapié hecho en batallas y militares, para centrarse en los avances de la consolidación de las instituciones republicanas y la sociedad civil (me parece que más interesante que recordar la fecha de la Batalla de San Lorenzo sería que los alumnos comprendan la importancia que tuvo la sanción de la Constitución de 1853, su contenido, y las posibilidades que abrió a la consolidación de una sociedad abierta y próspera).
- Abandono de los mitos paternalistas: Basta de enseñar que el Estado nos da la libertad, nos tiene que dar una casa y nos provee todo lo conducente a nuestra felicidad. Hay que acabar definitivamente con la idea de que el general San Martín nos liberó del yugo español: la libertad se la gana cada uno de nosotros día a día y no es un obsequio que pueda hacernos el caudillo de turno (y eventualmente quitárnoslo luego). Hay que educar para la responsabilidad individual, arraigar la idea de que cada uno es responsable de su propio destino. En vez de contar el cuentito de que Eva Perón les dio el voto a las mujeres, podríamos hacer referencia a la historia de Julieta Lanteri, por ejemplo, primer mujer en votar en América, quien no espero que el gobierno le venga a dar nada, sino que fue solita su alma a reclamar lo que le correspondía a los tribunales. Basta de hablar de las maravillosas obras de infraestructura que hacen los gobiernos: expliquemos a los niños que han existido (en este país) inmigrantes que vinieron con lo puesto y en base a su propio esfuerzo construyeron grandes fortunas y fuentes de trabajo (que después el gobierno se encargó de destruir).
Estas son sólo algunas ideas, mínimas por cierto, que, de ser aplicadas, podrían ayudar a educar ciudadanos responsables, con conciencia de sus derechos y no dispuestos a dejarse avasallar por el poder de turno.
Espero otras ideas para sumar al debate.
En este sentido, la educación pública ha jugado un rol fundamental en la creación y difusión del ideario autoritario y nacionalista, que ha arraigado ciertos mitos contrarios a las nociones de libertad y responsabilidad individual tan necesarias para el desarrollo de una sociedad verdaderamente libre y próspera.
Como lejos estamos de la abolición de la educación pública (algo por lo que abogan algunos liberales, pero que por el momento no estoy dispuesto a sostener), creo que en cambio deberíamos aprovecharla como mecanismo formidable de transformación del ideario social, capaz de general la tierra fértil donde se asiente la cultura de la libertad.
Como algunas pequeñas ideas, propongo los siguientes cambios en el contenido de la enseñanza primaria:
- Abandono de los mitos patrióticos y militaristas: Sería bueno, por ejemplo, que se derogue el “juramento de lealtad a la bandera”, práctica chauvinista más propia de la Alemania nazi que de una república democrática. Algo mucho más profundo sería un cambio de enfoque en la enseñanza de la historia, dejando de lado el hincapié hecho en batallas y militares, para centrarse en los avances de la consolidación de las instituciones republicanas y la sociedad civil (me parece que más interesante que recordar la fecha de la Batalla de San Lorenzo sería que los alumnos comprendan la importancia que tuvo la sanción de la Constitución de 1853, su contenido, y las posibilidades que abrió a la consolidación de una sociedad abierta y próspera).
- Abandono de los mitos paternalistas: Basta de enseñar que el Estado nos da la libertad, nos tiene que dar una casa y nos provee todo lo conducente a nuestra felicidad. Hay que acabar definitivamente con la idea de que el general San Martín nos liberó del yugo español: la libertad se la gana cada uno de nosotros día a día y no es un obsequio que pueda hacernos el caudillo de turno (y eventualmente quitárnoslo luego). Hay que educar para la responsabilidad individual, arraigar la idea de que cada uno es responsable de su propio destino. En vez de contar el cuentito de que Eva Perón les dio el voto a las mujeres, podríamos hacer referencia a la historia de Julieta Lanteri, por ejemplo, primer mujer en votar en América, quien no espero que el gobierno le venga a dar nada, sino que fue solita su alma a reclamar lo que le correspondía a los tribunales. Basta de hablar de las maravillosas obras de infraestructura que hacen los gobiernos: expliquemos a los niños que han existido (en este país) inmigrantes que vinieron con lo puesto y en base a su propio esfuerzo construyeron grandes fortunas y fuentes de trabajo (que después el gobierno se encargó de destruir).
Estas son sólo algunas ideas, mínimas por cierto, que, de ser aplicadas, podrían ayudar a educar ciudadanos responsables, con conciencia de sus derechos y no dispuestos a dejarse avasallar por el poder de turno.
Espero otras ideas para sumar al debate.


9 visitantes dieron su opinión:
Más allá de que no coincido con las ideas "liberales" (y esto tal vez tenga que ver con la praxis política de los "liberales" argentinos), me parece que tus ideas son sinceras y abiertas, lo cual no es poco.
Te hago una sola observación a tus planteos sobre la educación: ¿hasta que punto no estás marcando directivas y acotando el marco de la educación de una forma que no podría considerarse liberal? Tal vez con lo del juramento tengas razón, pero ¿por qué enseñar "esa" idea de libertad y de patria?
¿Por qué no simplemente plantear el revisar la historia en lugar del cómo revisarla?
Creo que tenés razón en tu planteo que quizá sea contradictorio plantear una educación no autoritaria y simultáneamente intentar imponer por vía "autoritaria" una determinada visión de las cosas. Es un problema que muchos liberales se han planteado y ello los ha llevado a concluir que la educación pública en si es perniciosa (Ludwig Von Mises, por ejemplo), dado que el Estado no tiene por qué imponerles a los particulares una determinada visión de las cosas.
Sin embargo (y se que con esto no resuelvo la contradicción) creo que la educación es una herramienta poderosa que puede servir bien para crear las bases de una sociedad abierta y democrática o bien (como lamentablemente se da en nuestro caso) para sentar las bases de una sociedad fuertemente autoritaria.
Que yo sostenga la primera posibilidad es claramente una toma de posición, y excluye la segunda posibilidad y eso es, si se quiere, en cierta forma autoritario o arbitrario.
Yo creo en la democracia liberal, lo que es una opción moral que he adoptado, pero también creo que no puedo imponer a nadie mis ideas por la fuerza. En ese sentido, creo que esta renuncia a la imposición de ideas por la fuerza es la base de cualquier sociedad civilizada. Y a eso creo que debería apuntar la educación pública, más allá de que mis ideas concretas puedan parecer o no adecuadas.
Ahora bien, si creo que las ideas no se pueden imponer a las patadas, esa idea en si misma no puede imponerse a la fuerza, por lo que tengo que reconocer que en cierto modo me agarraste en un punto débil y no tengo una respuesta adecuada a tu planteo.
¿Que propondrías vos en mi lugar?
Espero tu respuesta porque siempre es interesante el debate respetuoso de ideas.
No comparto tu opinión de que hay que utilizar la educación como instrumento para cambiar las ideas. Sería instaurar una suerte de "dictadura por la libertad", algo en sí mismo insostenible. Si bien creo que el desideratum para dentro de 60 o 70 años debe ser la educación privada y libre, creo que nuestra contribución de hoy como liberales sería proponer la desregulación de la educación y que los padres puedan tener cada vez mayor incidencia en la orientación e instrucción que reciben sus hijos. Hay alternativas muy válidas como el homeschooling, o bien la competencia entre escuelas y docentes con el sistema de vouchers, lo que mejoraría también la calidad de la educación pública. De este modo, por ejemplo, el actual "debate" sobre la educación sexual no tendría el menor sentido, puesto que los padres elegirían si enviar a sus hijos con o sin educación sexual.
Se que mis ideas sobre la educación pública aparentemente contradicen los postulados liberales que sostengo. Ahora bien, la pregunta que me planteo es, como liberales, ¿la libertad de quien deseamos proteger?. ¿La libertad del menor de tener sus propios proyectos de vida o la libertad de los padres de imponerle los suyos? Porque si lo que nos importa es la libertad del menor, a mi criterio no avanzamos demasiado dejándolo librado a la tiranía de sus padres (que a veces llega a ser inclusive peor que la del Estado, porque se ejerce puertas adentro). Creo que lo ideal es brindar al menor la posibilidad de conocer diferentes visiones del mundo, para poder en un futuro adoptar sus propias decisiones. En este sentido la acción del Estado me parece, si se quiere, un mal necesario, para evitar la tiranía familiar sobre la educación de los niños. Si bien no niego el derecho de los padres a transmitir sus valores a sus hijos, estos no son cosas sobre las que los padres tengan un poder ilimitado sino personas independientes que deben ser respetadas. Es por ello que me parece importante que se de al menor la posibilidad de conocer otras visiones del mundo además de la de sus padres, y en este sentido hasta el momento no conozco otro método mejor que la imposición de ciertos contenidos educativos por parte del Estado (que tienen que ser mínimos y no implican necesariamente una exclusión de la enseñanza que quieran impartir los padres). Si aceptamos esto (cuestión que desde luego no pretendo que haga nadie), entonces se torna sumamente relevante analizar qué tipo de valores inspiran esos contenidos. Y ahí vienen mis propuestas respecto de que esos contenidos deberían estimular la tolerancia y la responsabilidad individual, en lugar del autoritarismo y el mesianismo que inspiran actualmente.
Ahora bien, lo antedicho, insisto, no implica que yo rechace la importancia de las elecciones de los padres, sino sólo que estas no deben ser la única fuente de educación de los niños, porque sino no haríamos más que cambiar un autoritarismo por otro. Me parece que lo ideal es dejar un ámbito amplio a la libertad de los padres de educar a sus hijos (y en esto coincido en que falta avanzar mucho) pero eso contrapesado por algunos contenidos básicos establecidos por el Estado (que pueden bien ser impartidos en establecimientos privados, en realidad ni siquiera sería necesaria a tal efecto la existencia de establecimientos educativos estatales) que "abran" el panorama mental de los menores.
Bueno, no aburro más con el tema, sobre el que (afortunadamente) tal vez nunca lleguemos a un acuerdo, no sin antes agradecer tus valiosas opiniones.
Te doy una respuesta breve, y por ello en grado de "tentativa".
Yo estoy en contra de la educación privada, así como estoy en contra de la salud privada. ¿Qué tal una policía privada? No estaría mal ¿no? De hecho estamos cerca de eso. Quien va a tener de algún modo garantizada su seguridad va a ser quien pueda pagarla.
Creo por eso, que debemos hacer avanzar a nuestras sociedades en el sentido de profundizar y mejorar la democracia en todos los aspectos de la vida humana. Por eso creo que tiene que haber un mínimo de condiciones de vida que todo ser humano pueda tener, y que de ahí para arriba sea lo que quiera ser. Es posible. No me vengan con el cuento de que la economía es la ciencia de la administración de los recursos escasos porque entrado el S. XXI eso ya no es válido. Tenemos nuestro país de claro ejemplo: producimos alimentos para 50 millones de personas y hay gente que realmente la pasa mal. Para mí, eso es inmoral.
Me fui por las ramas. Creo, respecto a esto, y en general en cuanto a las cuestiones humanas, que la solución es política y es por esta vía que encontraremos la salida.
Creo que es interesante modificar la mayor parte del currículo de la escuela (tanto en el nivel de instrucción primaria como secundaria), pero creo que antes hay que asegurar la educación a todas las personas.
La instrucción formal varía mucho según la clase social que provenga el alumno. La gente que puede pagarlo, manda al hijo a una escuela privada, doble turno y bilingüe. Mientras que la mayoría de la población asiste a clases para que le den de comer. Esto es parte de la realidad. Con esta perspectiva, es muy difícil elegir qué contenidos se deben dictar y cómo.
Me parece interesante pensar que si uno trata de modificar las cosas, lo puede hacer porque tiene la libertad y demás, pero nuestra sociedad se ve siempre en la necesidad imperiosa de que le digan qué hacer y cómo. Es decir, se buscan figuras paternalistas que puedan proveer a cada uno lo que necesita.
Por otro lado, se podría pensar en lo que Ignacio Martín Baró denomina el síndrome del latino indolente. Sucintamente, consiste en una forma de pensasmaiento predomiante en Latinoamérica, que consiste en pensar en que nada se va a modificar, todo va a permanecer igual y los sujetos no pueden propender a un cambio por su propia decisión y autonomía. Sería como una especie de siesta, modorra en la que se hallan las sociedades latinoamericanas, en la que los golpes de Estado o corralitos (suceso más cercano de los tiempos actuales) nos despiertan y hacen que la gente salga a la calle, como una primera búsqueda de gestionar algo propio, sin esperar todo del Estado.
Todos estos factores inciden en que la educación tenga viejos contenidos, con docentes y edificios en ídem estado.
Ana Y.
Ana, coincido con eso del "sindrome del latino indolente". A eso apunto precisamente en mi artículo: a "desarticular" esa cultura de tirarse a dormir la siesta esperando que una figura paternal venga a resolvernos todo.
En cuanto al comentario de Desind, desde ya no coincido con tu rechazo a la educación y salud privadas, y creo que la existencia de un sistema de salud y educación públicas no excluye la existencia de un ámbito privado. No hay que fiarse demasiado tampoco de los servicios "públicos", en definitiva están dirigidos por seres humanos con los mismos defectos y virtudes que aquellos que dirigen instituciones privadas (no vamos a creernos ahora el verso de que los funcionarios públicos sólo tienen en miras el bien común).
Ahora bien, en cuanto a la escasez, esta no se relaciona con la existencia de una determinada cantidad de bienes, sino con que las necesidades humanas son ilimitadas. Pero lo dejo para otra oportunidad porque eso nos introduciria a la teorìa subjetiva del valor y la polémica se desviaría mucho de su curso.
Muy interesante, este es uno de los grandes temas, hace poco escribía esto.
Sobre el sistema educativo, estoy de acuerdo con que el mismo está en una grave crisis, pero la solución no consiste en que haya más Estado...sino menos Estado.
¿Por qué digo esto? Simple: si el Estado es incapaz de proveer educación de buena calidad, mucho más lo será si se propone más intervención estatal en esta área; mejor dicho: es un remedio igual o peor que la enfermedad.
Otro ejemplo: la educación privada solo tiene de privada dicho rótulo, porque los programas educativos los decide el Estado. Pero el Estado, ¿Va a saber si por ejemplo es mejor que los chicos aprendan Historia Antigua que Historia Mundial del siglo XX? Sencillamente NO.
¿Qué es lo que propongo? Lo siguiente:
*Que la gran mayoría de los programas educativos (o sea, lo que los alumnos quieren o deben aprender) y demás material bibliográfico lo decida cada escuela.
*Las escuelas públicas deben gozar de AUTONOMÍA en lo que hace a: administración de $ (perdónenme si fui tan informal), contratación de docentes, elección de directores, etc.
*El Estado debe subsidiar la DEMANDA y no la oferta. Los fondos que destina el Estado para financiar las escuelas públicas y privadas (no se olviden que muchas de las escuelas privadas reciben subsidios del Estado) deben destinarse para financiar la educación de los más pobres.
¿Cómo? A través del sistema de VOUCHERS. Cada familia con hijos en edad escolar recibe una cierta cantidad de dinero que resulta de la división entre los fondos que el Estado destina a las escuelas dividida la cantidad de alumnos que no pueden pagar una escuela privada. Con esa cantidad de dinero, o vouchers, las familias deciden a qué escuela enviarán a sus hijos. De esta manera se crea una sana competencia entre las escuelas para atraer la mayor cantidad de alumnos de acuerdo a la calidad de la educación impartida en las mismas.
Con esto, las familias pobres no estarán tan condenadas a recibir una pésima instrucción educativa por parte de las escuelas públicas (las únicas a las que la gran mayoría de las personas de bajos recursos puede acceder).
*Las escuelas deben ser administradas por los municipios y al mismo tiempo se deben descentralizar los recursos que actualmente las provincias y, a veces, la Nación destina a la educación.
Con todo esto quiero dejar en claro que la solución al problema educativo pasa por menos Estado..y no por más Estado.
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